Cerca de 150 países aún no tienen prohibido la extracción y el consumo de asbesto. La del amianto puede ser calificada como la mayor catástrofe industrial de todos los tiempos.
Hasta finales del siglo XX fueron 3 las familias que dominaron el negocio del amianto, de las cuales la más importante es la suiza Schmidheiny; quienes desde el año 1929 constituyeron un lobby bajo las siglas SAIAC y operan bajo el nombre de Eternit o Uralita. Este lobby le permitió a esta familia determinar lugares de producción, precios, importaciones y realizar maniobras de enmascaramiento de la letalidad del mineral.
Schmidheiny y Eternit representan un oligopolio que los ha convertido en grandes imperios económicos a costa de millones de víctimas. Para el 2020 se espera el pico de la hecatombe de las víctimas del amianto. Se ha estimado que sólo en Europa Occidental en los primeros treinta años de este siglo morirán de mesotelioma (un cáncer específico provocado por el amianto) unas 500.000 personas.
Max Schmidheiny declaró en una oportunidad: “¿Por qué vamos a preocuparnos por algunas víctimas? Los trabajadores pueden ser reemplazados.”
A esta familia se la debería juzgar por genocidio o crímenes contra la humanidad (Conforme al Estatuto de la Corte Penal Internacional y a la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio). Se trata de resarcir los daños infligidos a las personas y restaurar el medio ambiente, de imponer una sanción social suficiente para disuadir a futuros transgresores, de evitar el efecto destructivo del cuerpo social que tendría la impunidad.
La empresa Eternit tenía fábricas en:
- Alemania desde 1929, en la cual utilizaron prisioneros de guerra para trabajos forzados o como esclavos.
- Sudáfrica desde 1942, bajo el régimen del apartheid: la mayor parte de los trabajadores eran negros privados de sus derechos; y asimismo proveían de tejados de amianto-cemento a las ciudades en las cuales vivían los negros (townships).
- Latinoamérica durante las dictaduras en Nicaragua, Guatemala y Brasil.
- Desde 1899 se conocían los efectos nocivos de la fibra de amianto, ya que en ese año se publicó el Annual Report of the Chief Inspector of Factories and Workshops; y a partir de ese momento se constató la relación entre amianto y asbestosis, amianto y cáncer de pulmón, la existencia de un cáncer específico a causa del amianto (mesotelioma), etc.
Desde 1920/1930 ya existían patentes de productos sustitutivos del amianto-cemento, y desde fines del siglo XIX se conocían materiales de aislamiento térmico menos tóxicos que el asbesto; pero dada la posición dominante de Eternit los competidores no tenían nada que hacer.
En diciembre de 2009 se inicia un juicio penal en Turín contra los Schmidheiny, y se lo acusa de catástrofe ambiental y de omisión de las reglas de seguridad laboral de manera intencionada (delito doloso), se reclaman 13 años de prisión e indemnizaciones de hasta cinco mil millones de euros.
En agosto de 2004 un Tribunal de San Pablo, Brasil, condena a Eternit por haber expuesto a asalariados al amianto y la obliga a indemnizar las víctimas actuales y a los antiguos trabajadores enfermos o fallecidos. Las víctimas son aproximadamente 2.500.
Ante esta situación global en torno al amianto, la Comisión Nacional de Salud Laboral del Sindicato de Comisiones Obreras de Cárcoba, España, hizo un llamamiento para la creación de un Tribunal Penal Internacional del Trabajo, donde comparezcan y se diriman las responsabilidades de quienes convierten el trabajo en lugares de violencia, enfermedad y muerte.
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